Aunque nueve de cada diez personas usa bastoncillos de algodón para la higiene del oído, los especialistas los consideran uno de los mayores enemigos de la salud auditiva, ya que pueden provocar diversos trastornos, entre ellos pérdida de audición, heridas, infecciones y perforaciones.

El resfriado común y la alergia comparten algunos de sus síntomas, por lo que no es extraño que puedan confundirse. Sin embargo, conviene conocer las diferencias, dado que los tratamientos que se precisan son distintos.

El mal aliento o halitosis es un problema que afecta aproximadamente a la mitad de las personas. En la gran mayoría de los casos, en torno a un 90%, se debe a una inadecuada higiene bucal. Es la llamada «halitosis oral», originada en la propia boca, muy a menudo por acumulación de bacterias en la lengua. Sin embargo, la halitosis oral también puede estar provocada por caries, problemas de las encías o por consumo de tabaco.

En el conducto auditivo externo se produce un tipo de aceite ceroso que se conoce como cerumen. Lo normal es que se abra paso hacia el exterior y se elimine con el lavado. Su función es protectora, ya que impide que las bacterias y el polvo penetren en el oído, al tiempo que protege el conducto auditivo. Sin embargo, algunas personas producen más cerumen del que pueden eliminar; en estos casos, la cera puede endurecerse y acabar formando un tapón.

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