Martes, 29 Octubre 2019 00:00

Dolor de garganta, un mal trago

¿Quién no ha padecido alguna vez un dolor de garganta? Este trastorno puede aparecer de diversas formas: como una sensación de garganta seca e irritada, con inflamación de la zona, con dolor punzante que empeora al tragar, con dolor intermitente, como una sensación de quemazón, y con otras formas de presentación que están relacionadas con las causas que provocan la molestia. Estas causas son diferentes y determinarán la intensidad y la duración del episodio.

La garganta, o faringe en términos médicos, es un tubo situado detrás de las fosas nasales y al fondo de la cavidad oral, que ocupa la parte superior y delantera del cuello. Por su función, es una zona del organismo muy expuesta a la influencia exterior, ya que por ahí pasa el aire que respiramos por la nariz o la boca, y con él todas las partículas que flotan en el ambiente, así como también los alimentos que ingerimos de camino al tubo digestivo. No hay duda de la relevancia de su papel, y es por eso que cuando algo ataca nuestra garganta no sólo provoca una gran molestia, sino que además interfiere con funciones vitales.

El dolor de garganta tiene distintas causas. El motivo más frecuente es el resfriado común o la gripe, que generalmente siguen su curso natural y desaparecen en una semana o diez días. La mayoría de las faringitis o infecciones de garganta están causadas por virus, en cuyo caso el único tratamiento eficaz es paliativo y va dirigido a aliviar los síntomas, en particular la inflamación y el dolor.

Pero la faringitis también puede tener un origen bacteriano y en la mayoría de los casos es producida por un estreptococo, que es el germen más frecuente en niños y adolescentes, aunque también afecta a los adultos. Para confirmar la faringitis bacteriana, en ocasiones se toma una muestra de la garganta para su cultivo, y se trata con antibiótico.

Los hongos también pueden estar implicados en la faringitis, en particular los de tipo Candida, una levadura con la que convivimos normalmente pero que puede llegar a multiplicarse sin control infectando la garganta, con la aparición de pequeñas manchas blancas. Su presencia también se debe confirmar en cultivo.

Además de las infecciones, hay algunas patologías que pueden estar relacionadas con el dolor de garganta, como señala el Dr. José María Cuyás de Torres, que durante su dilatada carrera profesional dirigió el Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario de Gran Canaria. Entre otras entidades menciona «la enfermedad de Kawasaki, eritemas multiformes, liquen plano o estomatitis aftosas. Otras causas pueden ser simplemente irritaciones de los plexos sensitivos, es decir, neuralgias o irritaciones nerviosas. Estas neuralgias ocurren a veces por algún motivo que sucede a distancia, pero que hace que se irrite el plexo parasimpático que existe en la mucosa de la faringe y ésta siente malestar o dolor».

Sequedad y quemazón
Hay un tipo de dolor de garganta que está relacionado con el reflujo gastroesofágico, una situación atípica que padecen muchas personas y que sucede cuando el ácido del estómago asciende hasta alcanzar la garganta. En estos casos, explica el Dr. Cuyás, «produce una sensación fuerte de quemazón en la garganta que generalmente va acompañada de tos, pero no siempre. El reflujo puede aparecer en el recién nacido, en los primeros meses de vida, y en los adultos a partir de los cuarenta años. La sequedad faríngea es otro motivo de malestar, que puede ser producida por el reflujo gastroesofágico o bien por una mala ventilación nasal durante la noche, por dormir respirando con la boca abierta. A la mañana siguiente, la garganta está seca y nos duele».

Las sustancias irritantes, y en general todos los contaminantes con los que tenemos contacto en la vida diaria, forman un amplio grupo de factores de riesgo para nuestra garganta. El tabaco y el alcohol encabezan una lista en la que figuran ciertos productos químicos irritantes que se emplean para la limpieza o para otros usos profesionales o industriales. Estos productos son perjudiciales no sólo por su toxicidad, sino también por su capacidad de provocar alergias, que agravan la situación de la garganta. Es lo que ocurre con la contaminación del aire en las grandes ciudades, por las partículas pesadas que expulsan los coches.

«Las alergias en general, y en particular la alergia al polen de las plantas, son otra gran fuente de malestar e irritación para la garganta. También en zonas húmedas, es frecuente ver alergias a los ácaros del polvo o humedad», observa el Dr. Cuyás.
El frío es un clásico enemigo de la garganta. En verano, la ingesta frecuente de bebidas muy frías puede provocar una faringitis irritativa, algo que puede ocurrir también en invierno si no nos protegemos adecuadamente del frío o de los cambios bruscos de temperatura. El frío debilita la barrera defensiva que forma la mucosa de la garganta y facilita la colonización por los gérmenes.

Niños y adultos pueden padecer dolor de garganta, pero, desde su experiencia profesional, el Dr. Cuyás explica que «este problema se ve más en los niños, por varios motivos. Los niños pequeños tienden a meterse en la boca todo lo que alcanzan con las manos, y los más mayores tienen más facilidad para los contagios en guarderías y colegios. Los niños suelen tener más problemas con las vegetaciones, y su sistema inmunitario tarda tiempo en madurar. El invierno es una época epidemiológica típica para la circulación de muchos virus y bacterias».

Este experto recuerda que las infecciones por virus afectan a los niños entre el primer y tercer año de vida, y a partir de ahí comienzan a tener importancia las infecciones bacterianas. Especial cuidado hay que tener con el estreptococo betahemolítico del grupo A, el germen más frecuente en la faringitis de la edad pediátrica, por lo que, una vez confirmado el diagnóstico, hay que ser exigentes con las medidas higiénico-preventivas para evitar los contagios y llevar a término el tratamiento para evitar la aparición de complicaciones.

La faringitis es la inflamación de los tegumentos que recubren la faringe, pero también implica a sus estructuras anexas como las amígdalas. Éstas forman un conjunto de tejidos linfáticos localizados en la faringe que constituyen la primera línea de defensa frente a los microbios. Hay varios tipos de amígdalas y tienen diferentes localizaciones, pero la más conocida y la única que se ve al abrir la boca es la amígdala palatina. Mediante el examen médico se puede determinar si se han inflamado; en este caso, hay que hablar de una faringoamigdalitis, que provoca evidentes molestias y requiere un tratamiento que decidirá el especialista.

Aliviar los síntomas
El Dr. Cuyás concluye que, a pesar de la gran variedad de causas, «la mayoría de las veces el dolor de garganta es secundario a una infección, y en la mayoría de los casos está causado por un virus». En la faringitis, el dolor de garganta es en sí mismo un síntoma que puede ir acompañado de otros como dolor de cabeza, fiebre, erupciones en la piel e incluso, en los niños, molestias abdominales y vómitos.

«El 90% de esta patología vírica se va a curar sola, pero mientras se resuelve no tenemos por qué sufrir molestias por los síntomas. Podemos recurrir a varias opciones que nos quiten el dolor y las molestias de garganta mientras la faringitis se cura», aconseja el Dr. Cuyás. «En las farmacias –añade– están disponibles productos sin receta médica, como las pastillas para chupar, que presentan diversa composición y pueden aliviar el malestar en la garganta, la inflamación y el dolor. Si en pocos días el paciente no mejora, o aparecen nuevos síntomas, entonces hay que acudir al médico.»

Existen diferentes principios activos de acción rápida que pueden aliviar los síntomas del dolor de garganta agudo, como bencidamina, con propiedades antiinflamatorias, anestésicas y antisépticas.

Además, chupar las pastillas favorece la producción de saliva, que, como señala este especialista, es otro mecanismo defensivo que ayuda a mantener hidratada la garganta. Beber una cantidad suficiente de agua en cualquier época del año es necesario para mantener una adecuada hidratación, y mejorará el estado de una zona comprometida como la faringe.

En niños que padecen faringitis con frecuencia, el Dr. Cuyás aconseja recurrir también «a los lavados nasales, bien con suero fisiológico o con preparados de agua de mar, con pulverizadores que no tengan demasiada potencia, simplemente para lavar las fosas nasales y mantener la humedad. Sobre todo si el niño suele dormir con la boca abierta, porque todo lo que ocurre en la nariz tiene repercusión en la faringe. Además, es imprescindible enseñar a los niños lo importante que es la higiene de la boca, lavarse bien y a menudo los dientes. Esto también vale para los adultos, porque los problemas de las encías y una dentadura en mal estado tienen repercusión en la faringe».

Entre los consejos generales para prevenir el dolor de garganta, no hay que abusar del aire acondicionado ni de las bebidas muy frías en verano; se debe proteger la garganta en invierno, evitar en lo posible los contaminantes que provocan irritación o sequedad, y mantener una higiene adecuada para prevenir contagios.

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