La alergia al huevo es una reacción adversa relacionada con su ingestión. Se presenta cuando el organismo produce un anticuerpo, la inmunoglobulina E (IgE), dirigida contra una sustancia que actúa como alérgeno, en este caso el huevo. En general, los individuos alérgicos al huevo reaccionan principalmente a la ingesta de la clara. Aunque la yema de huevo tiene diversas proteínas, la clara contiene los alérgenos mayores.

Las amígdalas son estructuras linfáticas que forman parte del sistema de defensa del organismo y se encargan de fabricar unas células especializadas, los linfocitos, que nos ayudan a detectar y eliminar, mediante la creación de anticuerpos, una gran variedad de microorganismos capaces de provocar infecciones.

La alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV) puede convertirse en uno de los primeros desafíos a los que tenga que enfrentarse un recién nacido al abandonar la protección del vientre materno. La mayoría de los recién nacidos se adaptará sin problemas, pero la APLV es el tipo de alergia alimentaria más frecuente en el lactante y el niño pequeño. 

La hemorragia que tiene su origen en las fosas nasales, denominada epistaxis, es un problema muy común: más del 60% de la población general ha sufrido alguna vez un episodio de este tipo. La mayoría de las veces se produce de forma espontánea y, en menor proporción, por traumatismos. 

La sordera infantil puede suponer un grave obstáculo en el desarrollo cognitivo y social de los niños, puesto que afecta a la capacidad de asimilar lo que escuchan y dificultan la adquisición del lenguaje y el pensamiento. La prevalencia de la sordera infantil es de 1-5 casos por cada 1.000 nacimientos, y su detección precoz es de vital importancia para su tratamiento. Por eso, desde hace unos años, a todos los recién nacidos en España se les debe realizar una prueba de audición antes de darles el alta en maternidad. 

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