Miércoles, 23 Mayo 2018 00:00

Eccema ótico, un picor sordo

La parte externa del sistema auditivo, formada por el pabellón, u oreja, y el conducto auditivo externo, puede llegar a padecer un tipo de dermatitis denominada eccema ótico. Se trata de un trastorno que no reviste gravedad, pero resulta muy molesto porque tiende a cronificarse, y su principal síntoma es un picor de oído persistente, por momentos tan intenso que obliga, como reacción instintiva, a rascarse, aunque si se hace con energía puede empeorar la situación.

El prurito, o picor de oído causado por el eccema ótico, es frecuente motivo de consulta, tanto al especialista como al médico de atención primaria o la oficina de farmacia, e indudablemente altera la calidad de vida de quienes lo sufren, personas de cualquier sexo y edad.

Como entrada a nuestro complejo sistema auditivo, la oreja actúa como una antena que recoge y dirige las ondas sonoras a través del conducto auditivo externo, un canal de unos 3 cm de longitud y ligeramente curvado, con forma de «s» estirada para preservar mejor la membrana situada en su extremo, el tímpano, que marca la separación con el oído medio.

El oído externo amortigua los cambios de presión del aire entre el exterior y el interior del oído, lo protege de los sonidos fuertes al tiempo que mejora la recepción de las ondas y tiene una función de barrera frente a las partículas que están en el ambiente. Para ello, el conducto auditivo externo dispone de dos útiles herramientas: una capa de vellosidad con pelitos muy sensibles y las glándulas productoras de cerumen, que impiden la penetración de polvo o partículas extrañas y mantienen el conducto despejado y limpio.

El eccema ótico altera drásticamente las condiciones normales. Además de prurito, esta dermatitis provoca inflamación y enrojecimiento; la piel del conducto auditivo se reseca, adelgaza y se descama, por lo que puede afectar también a la zona adyacente de la oreja. No hace falta rascarse fuerte sobre una piel sensible para agravar el cuadro inflamatorio, incluso para producir un pequeño desgarro por el que penetre una infección. Las lesiones por este descuido son frecuentes.

«El síntoma principal asociado al eccema ótico es el picor», asegura el doctor Carlos Asensio Nieto, especialista en otorrinolaringología del Hospital Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina (Toledo). Pero «el problema es que el picor lleva a la manipulación, a rascarnos, ya sea con los dedos o con algún instrumento que se tenga a mano, y eso tiene como consecuencia la posible aparición de una infección fúngica o bacteriana».

Cuidado al rascarse
Hay que tener cuidado al tratar de aliviar el prurito rascando compulsivamente con los dedos, y evitar especialmente el uso de cualquier objeto que se pueda introducir en el conducto, incluidos los bastoncillos de algodón que deben reservarse sólo para las orejas. Se corre el riesgo producir abrasión, aumentar el arrastre de las escamas o células muertas de la piel o introducir más profundamente el tapón de cera.

Las causas del eccema ótico pueden ser múltiples, pero los expertos coinciden en señalar la concurrencia de ciertos factores, como las alergias, los contaminantes ambientales y la predisposición del paciente a padecer cualquier tipo de dermatitis que pueda influir en su aparición, como la dermatitis seborreica, la dermatitis atópica, la psoriasis, el acné o la dermatitis de contacto.

Pero probablemente una de las causas más determinantes sea la falta de hábitos higiénicos adecuados en la limpieza cotidiana del oído externo, tanto por exceso como por defecto. Un exceso en la limpieza puede dejar la piel irritada y desprotegida; por el contrario, la acumulación de suciedad o la formación de tapones de cera favorecen la obstrucción del conducto. En ambos casos se facilita la aparición del eccema.

El Dr. Asensio es autor de un estudio realizado en pacientes de toda España que acudieron a la consulta del especialista por presentar picor en los oídos, en el que se observó que el prurito provocaba irritabilidad, dificultad para dormir y para concentrarse en el trabajo, y que el problema era más frecuente en la población urbana y en estamentos socioeconómicos más elevados, algo que parece estar relacionado con un exceso de preocupación por la limpieza del conducto auditivo que lleva a una manipulación excesiva.

La evolución del eccema ótico tiende a ser crónica y recurrente, por lo que la mayoría de los pacientes acuden al profesional sanitario en busca de una atención acorde con la intensidad de los síntomas. El tratamiento debe ser escalonado y comienza por la limpieza del conducto y la aplicación de hidratantes tópicos. Si el especialista lo considera necesario, prescribirá tratamiento antiinflamatorio con corticoides tópicos de baja potencia y bactericidas o fungicidas tópicos en caso de una infección secundaria al eccema ótico.

El carácter recurrente de esta enfermedad no hace recomendable el uso prolongado de corticoides tópicos. Los expertos optan por los hidratantes tópicos y, en general, por los productos disponibles que ayudan a restaurar la piel del conducto auditivo, de forma segura y eficaz, sin efectos secundarios a largo plazo.

«Lo lógico es comenzar de menos a más», explica el Dr. Asensio. «Lo habitual es que la sintomatología, el picor en el conducto, se puedan controlar con este tipo de productos con efecto hidratante que restauran las propiedades de la piel. Muchos pacientes ya han recurrido a ellos incluso antes de visitar a su médico. Pero si nos llega a la consulta un paciente en el que esto no ha funcionado, habría que recurrir a los corticoides tópicos como segunda opción. También tratamos en la consulta del especialista casos de sobreinfección bacteriana o por hongos, producto de la manipulación de esa piel descamativa del conducto, porque los dedos siempre pueden ser portadores de gérmenes, y no digamos si se ha utilizado un bolígrafo, una llave o un objeto punzante».

Limpieza y prevención
El Dr. Asensio recuerda que en algunos viejos manuales de su especialidad se podía leer la frase «los oídos se limpian con los codos». Es algo imposible, pero con ello se quiere enfatizar lo importante que es manipular el oído con mucho cuidado. Siempre recomiendo al paciente la menor manipulación posible, no hay que hacer ninguna maniobra extraña en el conducto auditivo, siempre en la parte externa».

La mejor forma de evitar la aparición del eccema ótico y el picor que éste produce es la prevención, practicando un hábito higiénico adecuado que mantenga el conducto auditivo limpio sin dañarlo. Los hidratantes tópicos restauran el equilibrio hídrico de la piel y proporcionan un importante alivio del picor. En este sentido, resultan útiles los productos que incorporan la acción emoliente –un plus de hidratación– de los aceites esenciales, como el aceite de almendras y otros habitualmente disponibles en las farmacias.

Por otro lado, también disponemos de nuevos productos con los que realizar la higiene cotidiana del oído y prevenir la formación de tapones, eficaces al tiempo que inocuos y fáciles de aplicar mediante dosificadores. Entre otros componentes de la formulación, el docusato sódico es un emulsionante suave que ablanda el cerumen y evita su acumulación en el conducto auditivo. En caso de que persista el taponamiento también resulta útil el uso de estos productos para facilitar su extracción por el parte del profesional sanitario, además de reducir la frecuencia y la severidad de los episodios de eccema ótico.

Banner_Youtube_Otospray