Viernes, 10 Marzo 2017 00:00

Faringitis crónica: el dolor de garganta persistente

Algunas personas conviven con la inflamación de garganta y el carraspeo durante años. Sus dolencias aparecen y desaparecen en lapsos de semanas, a veces se hacen persistentes. Sufren lo que en común se conoce como «faringitis crónica», pero consideran estos síntomas de poca importancia y esperan que sanen sin más o acaban acostumbrándose a ellos.

La faringitis crónica es una inflamación persistente de la faringe sin que haya una causa infecciosa aparente. En realidad, el diagnóstico engloba enfermedades con síntomas en común, leves pero muy molestos: los pacientes pueden tener sensación tanto de sequedad recurrente como de acumulación de moco, tos irritativa, picor faríngeo, necesidad de carraspeo constante y sensación de cuerpos extraños en la garganta. Es habitual la voz más ronca, y como consecuencia del carraspeo, aparecen pequeños sangrados con la saliva. Suele ser habitual que en la mayoría de los casos estos síntomas se recrudezcan en invierno.

¿Qué causa la faringitis crónica?
Hay varios factores que deben considerarse como motivantes de la faringitis crónica. Algunos son climáticos, como variaciones súbitas de temperatura, o la sequedad ambiental. Pero también tienen pueden tener incidencia determinados hábitos personales, como el consumo de tabaco o alcohol, el consumo prolongado de antidepresivos (que limitan la secreción de moco) o causas hormonales, como el hipotiroidismo o la menopausia. También son frecuentes las faringitis crónicas en personas con déficits vitamínicos (sobre todo de vitamina A), diabetes, alergias, o a quienes tras extirpársele las amígdalas se les atrofió la mucosa.

Estas y otras causas, en ocasiones varias a la vez, debilitan la mucosa faríngea y la hacen mucho más propensa a infecciones e inflamaciones. Si a todo ello le sumamos otro tipo de problemas, como una posible debilidad del sistema inmunológico, al organismo le cuesta mucho más combatir este tipo de infecciones.

¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se lleva a cabo por exclusión. Es decir, el especialista debe estudiar el historial médico y llevar a cabo una exploración otorrinolaringológica completa que descarte enfermedades más graves. Es muy posible además que el médico complemente la revisión con la realización de pruebas de laboratorio que ayuden a determinar el origen y el grado de faringitis. Los resultados de estas pruebas deben arrojar luz sobre el tipo de faringitis (simple, hiperplásica y seca), cada una de ellas con orígenes y tratamientos diferentes.

Quien sufre faringitis crónica simple experimenta la sensación de que tiene un cuerpo pegado en la garganta. Sufre de sequedad, carraspea, y tose causando irritación y secreciones que se adhieren a la mucosa. En todo caso, no hay síntomas claros de enfermedad ni fiebre.

En los casos de la faringitis crónica hiperplásica, la pared posterior de la garganta está inflamada, áspera (por ello también se la llama granulosa) y presenta una coloración rojiza. La secreción es abundante y la sensación de cuerpo extraño es casi permanente, lo que de forma instintiva lleva a deglutir o a carraspear en busca de alivio. Sin embargo, la sensación de cuerpo extraño no desaparece, dificulta el tragar y llega a producir náusea y vómito.

En los casos de faringitis crónica seca o atrófica la pared posterior de la garganta tiene aspecto seco y brillante, y a menudo aparecen costras. Se la relaciona con las variaciones climáticas, y de hecho, se observa una mejoría sintomática en regiones cercanas al mar y con humedad. Las dificultades respiratorias pueden inducir la sensación de ahogo y alteraciones del sueño. Esta clase de faringitis crónica, que afecta sobre todo a adultos y tercera edad, aparece a menudo junto a una inflamación de la laringe (laringitis) o de la mucosa nasal (rinitis).

¿Cuál es el tratamiento?
El tratamiento depende del cuadro de cada persona y la evolución puede tardar meses a dar signos positivos. En todo caso, cualquier tratamiento será efectivo solo si se evitan los agentes y los factores que son desencadenantes de la faringitis, y que serán determinados por el otorrino durante la fase de estudio de las causas. En los casos que no tienen un componente infeccioso, los tratamientos suelen ser, además de vitaminas y calmantes, medicamentos bucofaríngeos, que se presentan en pastillas para chupar o espray, con efecto antiséptico y anestésico. El objetivo es reforzar el sistema inmunológico, debilitado por repetidos episodios de infección.

El tabaquismo empeora y cronifica el cuadro, por lo que se debe evitar su consumo. Otros factores a evitar son las condiciones de temperatura o sequedad extrema, así como los ambientes en los que se observe mucho polvo, partículas en suspensión o humo. A todo ello, la hidratación es también importante. Deben beberse líquidos en abundancia, y nunca compartir las bebidas, puesto que la debilidad de la faringe del paciente la sobreexpone a infecciones externas.

En el común de los casos suelen ser de ayuda también tratamientos complementarios que mantienen la faringe y las vías respiratorias libres, como son el uso de humidificadores para aumentar el nivel de humedad ambiental (en el dormitorio durante la noche, por ejemplo), o inhalaciones de soluciones salinas o infusiones con salvia o manzanilla. «Manzanilla bebida, no gárgaras. Aunque muchas personas suelen recomendarlas, las gárgaras no pasan de la campanilla, y por lo tanto no actúan en la faringe, la zona sensibilizada», observa el doctor Iniesta. Si el moco y los exudados son espesos, se recomiendan mucolíticos para impedir su formación. Y si la faringitis resulta ser granulosa, antiinflamatorio tipo ibuprofeno.
Ante la necesidad, sea cual sea el origen del dolor de garganta y su persistencia, lo más recomendable es tratarse con el especialista y no automedicarse. El uso discrecional de antibióticos puede resultar contraproducente y fortalecer algunos tipos de bacterias causantes de infección que serán aún más difíciles de erradicar.

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