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Jueves, 17 Diciembre 2015 00:00

Alergia a los ácaros: el origen está en casa

A menudo relacionamos las reacciones alérgicas con los espacios abiertos, como ocurre con la alergia al polen, típica de la primavera.


Sin embargo, éste no es el caso de la alergia a los ácaros del polvo.

¿Qué son los ácaros del polvo?
Los ácaros son arácnidos microscópicos que viven en espacios interiores, como las casas. Hay más de 50.000 especies de ácaros descritas, aunque sólo 25 están relacionadas con enfermedades alérgicas en el ser humano. Los de mayor implicación son Pyroglyphoidae, Acaroidae y Glycyphagodae. Los ácaros necesitan escamas de piel humana, humedad y temperatura cálida para vivir, y las proteínas contenidas en sus heces son las que provocan, en mayor medida, las alergias respiratorias. Gracias a la mejora de los sistemas de aislamiento y a las calefacciones, nuestras viviendas proporcionan a los ácaros el hábitat ideal para su proliferación.
Sin embargo, a pesar de tratarse de una alergia perenne (hay ácaros durante todo el año en colchones, almohadas, alfombras...), en otoño la lluvia conlleva un aumento de la humedad ambiental y la puesta en marcha de las calefacciones, lo que provoca una menor ventilación de las viviendas, oficinas y colegios. En este contexto, los ácaros encuentran las condiciones idóneas para vivir y reproducirse y, por tanto, en esta época del año las manifestaciones alérgicas de esta enfermedad son más relevantes.
En España, cerca de 2 millones de personas tienen alergia a los ácaros. «Los síntomas son persistentes durante todo el año, y pueden empeorar cuando hay más humedad y calor, que es cuando estos organismos encuentran las mejores condiciones para desarrollarse», afirma Santiago Quirce, jefe del Servicio de Alergia del Hospital «La Paz» de Madrid.

Causas de la alergia a los ácaros
La alergia ambiental puede presentarse a cualquier edad, pero tiene una mayor incidencia en niños y adultos jóvenes.
En cuanto a las causas, la predisposición genética es un condicionamiento importante y, además, está establecido que cuanta mayor exposición alergénica haya durante la infancia, mayor riesgo de sensibilización y de desarrollo de alergia existe.

Síntomas de la alergia a los ácaros
En la mayoría de casos, los síntomas de la alergia son de tipo respiratorio: rinitis, conjuntivitis y/o asma. En el caso de la rinoconjuntivitis, las personas afectadas suelen sufrir episodios, sobre todo, por la mañana al levantarse de la cama. Los síntomas suelen ser: obstrucción nasal, mucosidad, estornudos, picor nasal y ocular, lagrimeo y ojos rojos. Estos síntomas se atenúan al dejar el domicilio, pero reaparecen por la noche al acostarse, o con cualquier actividad que implique una exposición directa al polvo.
Aproximadamente 1 de cada 3 de estos pacientes puede presentar también síntomas de asma en forma de ahogo, accesos de tos, opresión torácica y sibilancias. Como ya hemos mencionado, estos síntomas se producen durante todo el año, con un empeoramiento en otoño.

Diagnóstico de alergia a los ácaros
El diagnóstico es muy parecido al de cualquier otro proceso alérgico. Es imprescindible acudir al médico, quien debe realizar una exploración física de la mucosa nasal, auscultar la respiración y observar la piel del paciente.
Para un diagnóstico preciso de la causa de la alergia, el especialista realiza las pruebas alérgicas tipo prick-test con una selección de extractos alergénicos, que varía de unas zonas a otras. Se trata de una prueba de reacción cutánea simple, rápida, indolora y con una alta sensibilidad.
En la mayoría de los pacientes, además, es necesario determinar con un análisis de sangre los niveles de inmunoglobulina E específica, que fabrica el sistema inmunológico de los pacientes alérgicos contra cada ácaro.

Tratamiento de la alergia a los ácaros
El tratamiento de la alergia a los ácaros, como el de cualquier alergia ambiental, consta de tres pilares: normas ambientales, fármacos e inmunoterapia.
En cuanto a las normas ambientales, y aunque el efecto sea limitado, cabe tomar medidas en casa. Se recomienda usar fundas antiácaros para el colchón, la almohada y el edredón nórdico; así como lavar las sábanas semanalmente a una temperatura elevada (un mínimo de 60 ºC). También se recomienda ventilar el dormitorio al menos 10 minutos por las mañanas y después cerrar las ventanas, retirar el polvo con un trapo húmedo (en vez de con un plumero) y aspirar el suelo en vez de barrerlo (a poder ser con un aspirador provisto de filtro HEPA). Otras recomendaciones comunes son favorecer la luz solar, y evitar peluches, moquetas, alfombras, libros u otros objetos que acumulan polvo.
En cuanto a los medicamentos, hay muchos disponibles en el mercado para aliviar los síntomas de la alergia: antihistamínicos orales, espráis nasales, colirios, inhaladores bronquiales... Sin embargo, es importante aclarar que el tratamiento farmacológico sólo es sintomático, es decir, alivia las molestias, pero no cura la enfermedad, puesto que al dejar de tomarlo, los síntomas de la alergia reaparecen.
Por eso el alergólogo, en función de las características individuales de cada paciente, puede considerar la necesidad de administrar vacunas de alergia. «En algunos casos, y en función de su evolución como pacientes, el especialista puede prescribir además un tratamiento con vacunas específicas frente a la alergia a los ácaros (inmunoterapia) para tratar de forma integral su afección de base», afirma el Dr. Quirce.
Las vacunas de alergia, o inmunoterapia específica con extractos alergénicos, actúan modulando la respuesta inmunológica del paciente alérgico (que presenta una respuesta anómala de hipersensibilidad frente a la exposición a las proteínas de los ácaros) hacia una respuesta de tolerancia frente a la misma exposición. De esta manera, el paciente progresivamente se va «inmunizando» y, por tanto, cada vez tolerará mejor la exposición a los ácaros.
La inmunoterapia es, a día de hoy, el único tratamiento que actúa sobre la causa de la alergia. Puede mejorar considerablemente los síntomas de forma permanente y modificar, además, la evolución natural de la enfermedad alérgica.

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