Martes, 15 Septiembre 2015 00:00

Otitis externa: frenar el dolor de oído en «seco»

La otitis externa, más conocida con el nombre de «otitis del nadador», es una infección localizada en el canal auditivo, el conducto que transporta sonido del exterior del cuerpo hacia el tímpano.

Los más propensos a sufrirla son los aficionados a la natación y los niños, que en verano pueden pasarse horas en la piscina.

Aunque no es grave, provoca un dolor agudo y, al ocasionar inflamación, puede llegar a cerrar por completo el conducto auditivo. Enfermar es siempre un contratiempo, de modo que más vale prevenir que curar. La otitis externa difusa o «de las piscinas», como también se la denomina, es una infección de la piel que recubre el conducto auditivo externo. No tiene ninguna relación con la otitis media común propia del oído medio, la región posterior al tímpano. La infección es consecuencia de los cambios que se producen en el pH de la piel por el exceso de humedad, que causa una alteración de las bacterias y los hongos que habitan en el área externa del oído. No se considera grave, pero los síntomas son dolorosos. En España, los servicios de urgencias registran alrededor de 40.000 visitas al año por una otitis externa.
Debido a su morfología –un lugar con poca luz y propenso a la humedad–, el conducto auditivo favorece el desarrollo de bacterias y hongos. Algunas personas muestran una mayor predisposición a sufrir estas infecciones, bien porque tienen una piel más delgada o porque presentan algún tipo de alteración en el conducto que hace que el agua se acumule. La mayoría de las veces la enfermedad se produce por gérmenes, sobre todo por bacterias hidrófilas (como Pseudomonas aeruginosa) y por Staphylococcus aureus, que se desarrollan con el calor y la humedad acumulada en el conducto auditivo.
En otros casos, la otitis se debe a la proliferación de hongos, al hecho de rascarse demasiado fuerte el oído, o a una mala práctica que es muy habitual: la introducción de objetos punzantes para tratar de eliminar el exceso de cerumen o de picor. A pesar de que la Sociedad Española de Otorrinolaringología desaconseja su uso, hasta tres de cada cuatro personas utilizan de vez en cuando bastoncillos de algodón para limpiarse los oídos, y más de un 90% lo ha hecho sirviéndose de otros objetos, como clips metálicos o bolígrafos, aún más agresivos. Asimismo, las piscinas tratadas con mucho cloro eliminan el cerumen protector; eso contribuye a alterar el manto ácido de la piel del conducto auditivo, lo que en muchos casos conlleva infección.
La otitis externa no es peligrosa, pero los síntomas son agudos. «Además de un dolor intenso, produce una cierta pérdida de audición, con sensación de taponamiento del oído o sensación de plenitud ótica, debido a la acumulación de detritus o a la inflamación de la pared del conducto auditivo externo», explica el Dr. Ferran Ballesteros, especialista en Otorrinolaringología en el Consorci Sanitari de Terrassa. La otitis siempre debe ser atendida por el médico, y con el debido tratamiento suele curarse al cabo de unos días. El tratamiento consiste en la administración de gotas óticas con antibiótico y de antiinflamatorios por vía oral.

Gorros y tapones
La mejor forma de evitar la inflamación y la necesidad de un tratamiento es actuar de forma preventiva, manteniendo siempre los oídos limpios y secos, especialmente tras el baño. Lo primero es evitar que nos entre demasiada agua en el oído. En las piscinas lo más corriente es bañarse con gorro de silicona o de látex, que, a diferencia de los de tela, cubren bien el oído y constituyen una primera barrera contra la infección.
Además pueden usarse tapones, pero no todos están indicados; algunos están diseñados para aislar el ruido, pero no frenan la entrada de agua. En otros casos es peor llevarlos que no hacerlo, porque según cómo pueden irritar el conducto auditivo y predisponer a la otitis. Como hay una gran variedad de tapones, lo mejor para no equivocarse es pedir consejo al farmacéutico. En caso de que los tapones convencionales no acaben de dar resultado, en los centros auditivos especializados se hacen tapones a medida. Están elaborados con resinas acrílicas no porosas y tras haber sacado un molde del oído del paciente, por lo que se adaptan completamente a la forma del canal auditivo.
Como norma general, hay que evitar bañarse en aguas que puedan estar contaminadas. Si lo están, además de las horas de exposición al agua, la infección podrá desencadenarse por los microorganismos que están presentes en las aguas estancas o las piscinas no acondicionadas, e incluso por los hileros de materia orgánica que a menudo encontramos sobre la superficie del mar. De hecho, la otitis externa por esta última causa es bastante común entre los aficionados al buceo.
Al salir del agua es muy importante secarse suavemente los oídos hasta conseguir eliminar lo máximo posible la humedad. Hay que evitar hacerlo con fuerza, ya que la cera actúa como protección. Alrededor del conducto auditivo existe una fina película de cerumen cuya desaparición favorece el desarrollo de infecciones. Si se hace con cuidado, a una distancia, una velocidad y una temperatura prudentes, puede ser de ayuda recurrir a un secador de pelo. Eso sí, hay que asegurarse de mantenerlo alejado del oído, o será peor el remedio que la enfermedad. Otra forma complementaria de sacar el agua del interior de los oídos es voltear la cabeza a lado y lado tirando del lóbulo en distintas direcciones.

Uso de alcohol boricado
El uso de alcohol boricado tras el baño también ayuda a proteger los oídos. Este compuesto a base de alcohol al 70% y ácido bórico contribuye a la evaporación del agua alojada en el conducto interno y genera un ambiente desfavorable al desarrollo de infecciones. «Este compuesto facilita el secado del oído después del baño y actúa como antiséptico», explica el Dr. Ballesteros.
En España no se vende en envase comercial, por lo que hay que solicitar una fórmula magistral al médico de cabecera e ir con ella a la farmacia para que preparen el compuesto. Las personas con propensión a la otitis suelen usar alcohol boricado y compuestos secantes antes de acostarse. Puede emplearse con cierta frecuencia, pero sin excederse, ya que puede irritar la piel. «En un 30% de los casos este producto puede no tolerarse por escozor intenso y dolor tras su aplicación», advierte el Dr. Ballesteros.

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