Martes, 04 Agosto 2015 00:00

Urticaria solar: alergia al roce de la luz

La urticaria solar es una fotodermatosis que provoca lesiones eritematosas con prurito y aparición de habones –enrojecimiento de la piel, picor y ronchas– tan solo unos minutos después de la exposición a la luz. Es un problema poco frecuente en la población general, pero los expertos coinciden en que puede estar infradiagnosticado.

La urticaria solar es una reacción patológica a la luz que normalmente se manifiesta de forma inmediata y conviene diferenciarla de otros procesos como las quemaduras por sobreexposición al sol, la fotosensibilidad que provocan algunos medicamentos y otras enfermedades.
Dado que las lesiones por urticaria solar también desaparecen con bastante rapidez, en minutos o en pocas horas si se evita una nueva exposición a la luz, el paciente está generalmente asintomático cuando decide acudir a la consulta médica. Este hecho dificulta la realización del diagnóstico y de pruebas confirmatorias, en opinión del doctor Ricardo Ruiz de Adana Pérez, especialista en Medicina Interna y Medicina de Familia, del Centro de Salud Segre, de Madrid.
No se han realizado estudios epidemiológicos para conocer la incidencia de esta patología pero se piensa que la urticaria solar es más frecuente en adultos, aunque puede presentarse a cualquier edad. En algunas series es más frecuente en mujeres que en hombres y no hay diferencias geográficas ni raciales.
Un trabajo publicado por el doctor Ruiz de Adana recoge una hipótesis sólida de investigación que mantiene que la urticaria solar se desencadena por la presencia en la piel del paciente de una molécula precursora, de origen aún desconocido, que se activa por la exposición a una determinada longitud de onda de la luz y se convierte en un fotoalérgeno, contra el que se dirigen los anticuerpos IgE, que son los responsables de las reacciones alérgicas. Un grupo de investigadores ha sugerido que la urticaria solar puede ser dividida en 2 grupos: urticaria solar tipo 1, en las que los anticuerpos IgE se dirigen contra el fotoalérgeno patológico presente sólo en pacientes afectos y urticaria solar tipo 2, en la que los anticuerpos IgE circulantes en sangre se dirigen contra un fotoalérgeno no patológico presente en la mayoría de los individuos.
La urticaria solar se produce a partir de la exposición de la piel a la luz, que es un tipo de radiación electromagnética que viaja mediante ondas de diferente longitud. El ojo humano sólo es capaz de captar la luz visible o luz blanca, a la que llamamos simplemente luz, aquella que al pasar por un prisma se descompone en los colores que forman un arcoíris.
Los colores que componen la luz visible ocupan solo un pequeño rango de longitudes de onda dentro del espectro electromagnético. La luz visible limita por un lado con la luz infrarroja y por otro con la luz ultravioleta, que no podemos percibir a simple vista. Una sola o varias de estas clases de luz, ultravioleta A (UVA), ultravioleta B (UVB), luz visible y –en casos muy infrecuentes– la radiación infrarroja, son los agentes causales de esta patología. Esa radiación proviene del sol o de otras fuentes artificiales, como lámparas de cabinas de bronceado.
La urticaria solar se clasifica en varios tipos en función de la longitud de onda de la luz que provoca la reacción, y también en función de que se pueda o no transferir pasivamente este fenómeno mediante el suero del paciente que contiene el fotoalérgeno.
La urticaria solar se produce entre uno y diez minutos tras la exposición lumínica con aparición de prurito, enrojecimiento y ronchas, que son las típicas lesiones de la urticaria.
También se han descrito casos en los que las lesiones aparecen de forma retardada, apareciendo pocas horas después de la exposición solar.
La gravedad de los síntomas generalmente aumenta con la intensidad de la exposición solar.
Típicamente las lesiones aparecen en las zonas expuestas a la luz solar como la región del escote, nuca, hombros..., aunque también pueden aparecer en zonas no expuestas, cubiertas por ropa de tejido ligero y/o cristales.
En la cara y las manos se produce un fenómeno de tolerancia a la luz, incluso en estos pacientes, porque siempre están expuestas a lo largo de la vida y, con el tiempo, esa piel se vuelve menos reactiva.
Las lesiones tienden a remitir a las pocas horas de cesar la exposición y en la mayoría de los casos se trata de cuadros leves, aunque también se han descrito casos más graves.
En la mayoría de los casos, una historia clínica detallada es suficiente para establecer el diagnóstico de urticaria solar. En caso de duda se puede realizar la prueba del fototest, que consiste en aplicar luz a diferentes longitudes de onda sobre la piel del paciente. Se considera positivo si aparecen las lesiones típicas en la zona irradiada. Además, esta prueba nos permite determinar la longitud de onda que es responsable del fenómeno y la dosis urticarial mínima, que es la mínima longitud de onda que se necesita para desencadenar lesiones típicas de urticaria.
La lesiones producidas en la urticaria solar se pueden confundir con las quemaduras solares comunes, aunque la urticaria solar aparece a los pocos minutos de la exposición solar.
Otra entidad con la que se puede confundir es con la erupción polimorfa lumínica, de causa idiopática y más frecuente que la urticaria solar. Se caracteriza por pápulas y vesículas agrupadas eritematosas en la zona de exposición solar. Se diferencia de la urticaria solar en que la erupción polimorfa lumínica desaparece a los 2-6 días.
La protoporfiria eritropoyética es un trastorno familiar que aparece en la infancia y que también produce lesiones tras la exposición solar como eritema difuso con petequias, telangiectasias sobre todo en la cara.
Para el tratamiento sintomático de las lesiones de urticaria se pueden utilizar los antihistamínicos orales y corticoides tópicos o sistémicos. En los casos en que esto no es suficiente se pueden probar otras alternativas terapéuticas como la desensibilización, que consiste en inducir la tolerancia temporal a base de la aplicación de pequeñas cantidades de luz, la administración de inmunoglobulinas u omalizumab, la plasmaféresis y la terapia con PUVA.
El pronóstico de la urticaria solar es muy variable. En series de casos publicadas se ha establecido que un 25% de los casos se resuelven de forma espontánea, un 35% experimentan mejoría en la enfermedad sin llegar a desaparecer, otro 35% tiene un curso más persistente, crónico, a pesar del tratamiento, y, por último, hay un 5% de casos más graves.

Parecidas pero diferentes
• Las quemaduras en un día de playa se producen tras una prolongada exposición al sol, pero las consecuencias tardan horas en aparecer mientras que la reacción de una urticaria solar es cuestión de minutos.
• El consumo de ciertos medicamentos puede provocar en algunas personas reacciones de hipersensibilidad lumínica si se toma el sol durante el tratamiento. Entre ellos están los anticonceptivos orales, algunos antibióticos, antidepresivos, antihistamínicos, antisépticos, corticoides, laxantes o diuréticos. También hay algunos productos de belleza, perfumes, colorantes o esencias, que pueden inducir reacciones fotoalérgicas.
• La erupción polimorfa lumínica es una fotodermatosis diferente y más frecuente que la urticaria solar. Afecta más a personas de piel clara y a mujeres jóvenes, y aparece con la llegada del buen tiempo, en las zonas más expuestas al sol como la cara, el cuello y el escote o los brazos. Suele producir un picor intenso y una variedad de lesiones, pápulas, vesículas y costras, que tardan 24 horas en aparecer y duran varios días.
• Otra enfermedad con semejanzas a la urticaria solar es la protoporfiria eritropoyética, una enfermedad hereditaria que se manifiesta en la infancia.
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