Jueves, 11 Junio 2015 00:00

Afonía: cuando la voz se apaga

La voz y el rostro de la persona son sus rasgos de identificación más evidentes; sin embargo, si difícilmente podemos cambiar de cara sin pasar antes por el quirófano, es mucho más fácil que la voz se altere o se pierda momentáneamente si no le prestamos los cuidados que merece.

La disfonía engloba los trastornos más comunes en la emisión y calidad de la voz, como la ronquera o los cambios involuntarios en el timbre y el tono, mientras que la afonía –por fortuna mucho menos frecuente– es la pérdida total de la voz, aunque en el lenguaje coloquial todo se reduce a decir «estoy ronco» o «estoy afónico», lo que en realidad es una contradicción.

La pérdida momentánea de la voz representa un desagradable contratiempo para el desarrollo normal de la vida cotidiana. Nuestras relaciones sociales se basan principalmente en la comunicación oral (o al menos así ha sido hasta la llegada de ciertas aplicaciones de los móviles), pero no poder hablar durante unas horas o unos días se convierte en un problema serio para muchos profesionales que utilizan la voz como instrumento de trabajo.

La capacidad de hablar está íntimamente ligada a la respiración, ya que la emisión de la voz se produce a partir del aire espirado de los pulmones; por ello, resulta imprescindible acompasar adecuadamente ambas funciones. Lo solemos hacer de forma automática, salvo cuando queremos hablar demasiado deprisa y nos quedamos sin aire.

La pieza clave del aparato fonador son las cuerdas vocales, que están en la laringe. Se trata de unos músculos en forma de pliegue o membrana (no de cuerdas) sujetos por ligamentos; tenemos cuatro cuerdas vocales pero sólo dos intervienen en la producción de sonido, cuando se abren y vibran al pasar el aire. El espacio entre las cuerdas vocales –la glotis– se abre y se cierra mediante un movimiento lateral que le otorga su funcionalidad, y toda la estructura está protegida por la mucosa de la laringe.

El sistema vibrador de la laringe se complementa con la intervención de la cavidad bucal, la barrera que forman los dientes al paso del aire, el movimiento de la lengua, las fosas nasales y los senos paranasales, que constituyen el sistema resonador. Todo este aparato, único en la naturaleza, modula una voz propia y diferente en cada persona. Tampoco hay que olvidarse de la intervención del sistema auditivo, ya que nos costaría entender lo que decimos si no pudiéramos escucharnos a nosotros mismos.

¿Causa orgánica o ambiental?
Descartando los trastornos de la voz que tienen una causa orgánica por algún tipo de malformación o enfermedad, lo habitual es que la alteración de la voz tenga una causa funcional o ambiental. La mayoría de las veces se debe, sencillamente, a un mal uso de la voz. Cuando ingerimos un líquido helado, fumamos, hablamos sin parar durante horas o gritamos para lograr que se nos oiga por encima del ruido ambiental, estamos maltratando nuestro instrumento fonador, estamos haciendo algo tan desproporcionado como utilizar un violín para golpear un tambor. Aunque no podemos controlar todos los factores, sí podemos cuidar y prevenir.

«Lo que vemos habitualmente en la consulta son disfonías», explica el Dr. Juan Ramón Benito Navarro, especialista en otorrinolaringología del Hospital Universitario Puerto Real, en Cádiz. «Pero hay veces –continúa– en que el paciente llega a la afonía, es decir, no emite sonido cuando quiere hablar. La causa más frecuente es un mal uso vocal, sobre todo cuando se trata de personas que trabajan con la voz, de cara al público, no hace falta que sean cantantes. Utilizan la laringe y las cuerdas vocales de una forma anómala, haciendo un sobresfuerzo continuo que puede lesionar la mucosa que recubre las cuerdas vocales, de manera que pueden formarse abundantes terminaciones de vasos sanguíneos, a modo de varices; esa mucosa puede inflamarse y pueden llegar a producirse lesiones como un pólipo, un nódulo o una inflamación crónica. Otras veces no se forman lesiones, pero se impide el cierre completo de las cuerdas vocales y en lugar de la voz sale un soplo inaudible.»

Hay factores ambientales que determinan la salud de la voz: no es lo mismo respirar en un ambiente con mucha polución, en el que flotan numerosas partículas que actúan como irritantes de las vías respiratorias, que respirar aire limpio en el campo o en la orilla del mar.
Para que funcionen bien, es importante que las cuerdas vocales estén lubricadas por la saliva. Si respiramos con la boca abierta mientras dormimos y al levantarnos intentamos hablar con la garganta seca, la voz será más áspera o se resistirá a salir. El ambiente húmedo es bueno localmente, para el interior de la garganta, pero no lo son los cambios bruscos de temperatura, pasar del frío al calor o viceversa. «En invierno –explica el Dr. Benito Navarro–, cuando pasamos de un interior con calefacción al ambiente frío y seco de la calle, se producen pequeñas alteraciones inflamatorias y sequedad en la mucosa que inducen un cambio en el tono vocal normal. Lo mismo ocurre en verano cuando pasamos del calor de la calle a un interior con aire acondicionado; cuanto más frío, más brusco será el cambio de temperatura, que es lo que debemos evitar.»

Otro factor de riesgo fundamental es el tabaquismo. «Por supuesto –advierte este especialista–, no hay que fumar. Aparte de su poder cancerígeno, el humo es un irritante crónico que hace que la mucosa de la laringe sea una mucosa congestiva, más seca y menos funcional. El alcohol actúa también como un tóxico, entre otras cosas porque inhibe la vasopresina, también llamada hormona antidiurética. Por eso, al tomar bebidas alcohólicas se orina mucho, el organismo se deshidrata y la mucosa de la garganta se seca. Además, el alcohol potencia el efecto cancerígeno del tabaco y aumenta las posibilidades de una lesión maligna en los pulmones y la garganta.»

En los niños, salvo que exista una causa orgánica, los problemas se deben habitualmente a algún tipo de abuso vocal, por ejemplo los gritos continuados. Aunque apenas existen diferencias en función del sexo, en las mujeres se suele observar una mayor hipotonía (flacidez) en las cuerdas vocales, que ocasiona un cierre incompleto de la glotis y da lugar a la denominada «voz aérea», que se escapa y obliga a coger aire rápidamente. La hipotonía vocal también está relacionada con una utilización deficiente de la musculatura del diafragma y de la laringe para lograr un buen cierre de la glotis. Es una causa de disfonía tanto en mujeres como en hombres, pero, como explica el Dr. Benito Navarro, «sin que el motivo esté muy claro, el problema de la hipotonía vocal no es infrecuente en el grupo de las mujeres adolescentes y jóvenes. Esa falta de tono es lo que llamamos insuficiencia glótica posterior, que afortunadamente se puede recuperar con unos ejercicios sencillos».

La laringitis por un catarro es una causa muy común de alteración de la voz. Por otra parte, las comidas muy pesadas y picantes favorecen el reflujo de la acidez del estómago, que puede alcanzar y dañar la mucosa de la laringe y la parte posterior de las cuerdas vocales.
En el fumador, si la disfonía se prolonga más de 1 semana hay que acudir al especialista para que valore el estado de la laringe; el plazo se amplía a 15 días en el no fumador.

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