Miércoles, 15 Julio 2015 00:00

Cuerpos extraños en la nariz: una exploración arriesgada

La curiosidad es una cualidad innata necesaria para nuestro desarrollo personal, pero en ocasiones nos juega malas pasadas. En el niño pequeño, ese impulso natural que lo lleva a explorar su propio cuerpo se puede convertir en una aventura arriesgada si tiene al alcance de la mano un objeto pequeño y se lo acaba introduciendo en la nariz.

Lo primero que han de tener en cuenta los padres y cuidadores ante un niño que se ha metido un cuerpo extraño en la nariz es que no deben intentar extraer el objeto, salvo que éste se desprenda con absoluta facilidad. Si el cuerpo extraño está enteramente alojado en la fosa nasal, no se debe forzar su extracción manipulándolo con unas pinzas o un bastoncillo, ni dejar que el propio niño se lleve los dedos a la nariz en un movimiento instintivo para tratar de aliviar la molestia. Lo que hay que hacer es acudir al médico para que lo extraiga y evitar así males mayores.

La presencia de cuerpos extraños en la nariz es un caso frecuente en las urgencias de otorrinolaringología. Los padres que han visto (o bien sospechan) que su hijo se ha metido algo en la nariz acuden a urgencias, y normalmente se los deriva al especialista en ORL. En un hospital de referencia para una población de unos 250.000 habitantes, pueden verse fácilmente dos o tres casos por semana, pero la gran mayoría de ellos no suelen revestir gravedad. Las ocasiones en que un niño de corta edad puede tener a su alcance objetos realmente peligrosos, cortantes o punzantes, son excepcionales; además, para poder entrar por los orificios de la nariz han de ser objetos bastante pequeños.

«Estos casos no suelen conllevar sangrado, se quedan en el susto para el pequeño a la hora de extraerlo; además, como el niño ya se ha hecho daño al meterlo, si el objeto es demasiado grande o tiene aristas no va a intentar empujarlo muy adentro», explica el doctor Jesús Iniesta Turpín, presidente de la Sociedad Murciana de Otorrinolaringología y especialista en el Hospital Virgen de la Arrixaca.

Los cuerpos extraños que pueden ser introducidos a mayor profundidad son los objetos blandos, como pequeños trozos de esponja, papel, tela o incluso comida, que se pueden empujar fácilmente con el dedo. Meterse en la nariz objetos que no son maleables resulta más difícil, debido a las molestias que ocasiona su consistencia dura.

La tipología de los cuerpos extraños que pueden alojarse en la nariz del niño es de lo más variado, desde bolitas de cuentas de un collar y piezas pequeñas desprendidas de juguetes que no cumplen las normas de seguridad, hasta todo aquello que los adultos pierden y los pequeños son capaces de encontrar: monedas pequeñas, piezas metálicas como una tuerca de pendiente o incluso pilas de botón.

En el ámbito doméstico y en la guardería, durante la época invernal el niño pasa muchas horas en contacto con algunos materiales de juego que entrañan un riesgo potencial, como trocitos de plastilina o de ceras de colores. Cuando llega el buen tiempo, el riesgo se traslada a los objetos del exterior, algunos inertes como las piedrecitas del parque, y otros de tipo orgánico, como trozos de ramitas u hojas, semillas o incluso insectos.

Las edades a las que se producen estos incidentes se sitúan entre los 2 y 7 años, y los casos más frecuentes se dan cuando tienen 3-4 años. A partir de los 2 años, el niño ya se mueve de forma autónoma y poco a poco va alcanzando suficiente habilidad manual y coordinación de movimientos como para llevarse un objeto a la nariz. Desde los 5 años, el niño conoce ya su cuerpo y adquiere conciencia de lo que puede hacerle daño; por eso, a medida que el niño crece, los casos de objetos extraños en la nariz se van haciendo cada vez menos frecuentes, o bien se producen de forma accidental.

Si no hay un testigo directo o si el propio niño no menciona la molestia, no siempre es fácil descubrir que se ha introducido un cuerpo extraño en la nariz. «Los padres deben acudir a urgencias, donde el pediatra valorará la situación y normalmente lo derivará al especialista en ORL, pero sabiendo que no es una urgencia vital», explica el Dr. Iniesta. «De hecho –añade–, a veces se descubre cuando ya ha pasado un tiempo desde que el niño se metió el objeto en la nariz, incluso varios días. Cuando permanece en el interior de la nariz, el cuerpo extraño se rodea de moco; ese moco puede infectarse, en cuyo caso se forma pus y aparece una rinorrea (mucosidad nasal) unilateral, es decir, que el niño expulsa un moco de aspecto purulento o incluso pus maloliente por un solo lado de la nariz. Eso nos indica la presencia de un cuerpo extraño. Si es un objeto blando, puede permanecer más tiempo oculto si al niño no le duele y no se queja en el momento. Los padres lo acaban descubriendo cuando ven moco en uno de los orificios nasales o notan un olor extraño al acercarse al niño.»

En algunos casos excepcionales, el cuerpo extraño puede permanecer mucho más tiempo en la nariz, hasta convertirse en un rinolito, una pequeña masa calcificada. En estos casos el cuerpo extraño no causa una sintomatología clara, no delata su presencia con una infección y sólo produce un taponamiento parcial de la vía respiratoria, lo que explica que pueda pasar desapercibido durante tiempo. Tras permanecer alojado en la nariz durante meses o incluso años, el organismo termina por aislar el objeto formando una cápsula de tejido que adquiere una consistencia calcárea (cálcica). En ocasiones el rinolito es descubierto a raíz de una exploración del niño por otro motivo.

En cuanto a la conducta que han de adoptar los padres, el Dr. Iniesta insiste en que no deben intentar sacar el objeto con unas pinzas, porque «lo normal es que lo introduzcan más o, en el peor de los casos, si erosionan la fosa nasal pueden provocar una hemorragia. Al niño le va a doler, lo van a asustar y estará mucho menos colaborador cuando el médico proceda a la extracción».

En su larga experiencia profesional, este especialista no recuerda ningún caso de cuerpo extraño en la nariz que haya requerido pasar por quirófano. A veces, la extracción resulta tan fácil que puede realizarse por presión positiva, taponando el lado de la nariz que no está obstruido y pidiéndole al niño que sople por el otro, si está en condiciones de colaborar.

Es normal que un niño pequeño, asustado e irritado, no se deje explorar. El procedimiento de la extracción comienza con la inmovilización del niño para evitar los movimientos bruscos, y puede hacerse en el regazo de uno de sus padres, en un sillón de exploración o en una camilla. Tras un cuidadoso examen, el especialista procederá a la extracción con el instrumental adecuado, utilizando pinzas y sondas de diverso tipo según la consistencia y forma del cuerpo extraño y su localización anterior o posterior dentro de la fosa nasal. Cuando alcance una posición favorable por encima del objeto, realizará una maniobra de tracción suave hasta que el cuerpo extraño salga por completo, asegurándose de que no queda ningún resto en el interior. Si la extracción no es posible porque el niño está muy inquieto o porque no se ha podido alcanzar el objeto con el material básico de la consulta, se procede a realizar la extracción en el quirófano con sedación o anestesia general, materiales más específicos y, de ser necesario, con ayuda de la endoscopia.

PACIENTES-CUERPOS2Es sólo curiosidad

El niño que se introduce un cuerpo extraño en la nariz lo hace impulsado por su curiosidad natural. No se trata en absoluto de una conducta patológica, son niños con un desarrollo cognitivo y psicológico absolutamente normal. Tampoco es un problema cultural o de nivel socioeconómico: puede ocurrirle a cualquier niño en cualquier parte del mundo.

«A la mayoría de los niños –explica el Dr. Iniesta– les basta con un primer susto para no repetir experiencia, aunque hay algunos que, tras un primer intento de meterse algún objeto en la nariz, pueden repetirlo al poco tiempo. Los padres han de hacerle ver que no debe hacerlo. En general, es suficiente con mantener una vigilancia normal del niño y retirar de su alcance cualquier objeto pequeño que represente un riesgo. Pero no se trata de una conducta anormal.»

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