Lunes, 15 Septiembre 2014 02:00

Epistaxis o hemorragia nasal: aparatoso, pero leve

La hemorragia que tiene su origen en las fosas nasales, denominada epistaxis, es un problema muy común: más del 60% de la población general ha sufrido alguna vez un episodio de este tipo. La mayoría de las veces se produce de forma espontánea y, en menor proporción, por traumatismos. 

Aunque en ocasiones sangrar por la nariz puede resultar muy aparatoso, no acostumbra a ser motivo de excesiva preocupación, pues la inmensa mayoría de las veces la hemorragia espontánea cede a los pocos minutos. Suele tratarse de episodios aislados, y sólo un porcentaje mínimo de los casos reviste gravedad suficiente como para recurrir a los servicios sanitarios.

Una hemorragia nasal es algo que casi todo el mundo conoce de primera mano. Sin embargo, no puede decirse que el consejo de los profesionales de la salud haya tenido un éxito completo a la hora de erradicar ciertas falsas creencias muy extendidas, como la de que hay que echar la cabeza hacia atrás para intentar detener la hemorragia (algo que está contraindicado, porque la sangre puede fluir hacia la garganta), o utilizar un algodón empapado con lo que se tenga a mano en la cocina, como vinagre, o recurrir a otros remedios caseros con los que se espera resolver la situación, y que tantas veces resultan ineficaces o incluso perjudiciales. Estos errores siguen cometiéndose aún con demasiada frecuencia.

A cualquier edad
El sangrado de la nariz o epistaxis es la urgencia otorrinolaringológica más frecuente, asegura el Dr. Bartolomé Scola, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Se puede producir a cualquier edad, pero es más habitual en niños que rondan la adolescencia y en adultos a partir de los 50 años.

En opinión de este experto, en la inmensa mayoría de los casos la hemorragia nasal puede ser considerada una patología banal, pero la valoración de la importancia de la epistaxis dependerá del paciente y sus antecedentes patológicos, así como del volumen, la duración del sangrado y la localización del foco. En los niños y jóvenes suele tratarse de lo que en lenguaje médico se denomina «epistaxis esencial», es decir, sangrados espontáneos que tienen una rápida solución. Generalmente son epistaxis de tipo anterior, porque se producen en la parte de la fosa nasal cercana a los orificios de la nariz; la pérdida de sangre es leve o moderada y se puede frenar con medidas locales y simples, presionando con los dedos. Es lo más común.

En las personas mayores de 50 años, aunque el tipo de hemorragia más común sigue siendo la epistaxis anterior, también es frecuente la epistaxis posterior, un cuadro más severo en el que la hemorragia se localiza en la parte posterior de la fosa nasal; el sangrado suele ser más abundante y difícil de cohibir, siendo más probable que la sangre caiga hacia la boca y la garganta y provoque irritación y riesgo de náuseas o vómitos. La epistaxis posterior representa sólo el 10% de los casos. Puede revestir distinta gravedad si los adultos mayores presentan algún tipo de comorbilidad o factor de riesgo asociado por alguna enfermedad, si son hipertensos, si padecen arterioesclerosis o alguna dificultad respiratoria, si tienen un número anormalmente bajo de plaquetas en la sangre o si están tomando un medicamento anticoagulante. 

La gravedad de la epistaxis también puede estar condicionada por un traumatismo nasal o craneoencefálico más o menos fuerte. En estos casos, afirma el Dr. Scola, lo que indica la severidad de la epistaxis no es sólo la zona de sangrado, que puede ser más o menos difícil de cohibir, sino la cuantía de la hemorragia y la duración o la recurrencia del sangrado, que hay que controlar con rapidez para no comprometer el estado general del paciente. Sólo en casos muy concretos la epistaxis puede estar señalando la presencia de un problema de mayor entidad, como un tumor.

El 90% de las epistaxis se producen en la parte anterior y la sangre fluye rápidamente al exterior por los orificios nasales; estas hemorragias suelen ser de pequeña cuantía, y son las más frecuentes. La localización típica de la hemorragia es el área de Kiesselbach, una zona muy vascularizada. La abundancia de arterias y capilares que riegan las fosas nasales se justifica por sus importantes funciones, entre ellas la de calentar el aire que aspiramos antes de que llegue a los pulmones. Las fosas nasales están en contacto directo con todas las partículas que flotan en el aire y están ubicadas en una parte de nuestra anatomía expuesta al roce de nuestras propias manos más veces al día de lo que suponemos.

El área de Kiesselbach, donde se producen la mayoría de las epistaxis, es una zona delicada no sólo por su localización a la entrada de las fosas nasales, sino también por sus características anatómicas. La mucosa, que actúa como barrera natural, es aquí más delgada y menos elástica porque está unida directamente al cartílago. Su fragilidad puede aumentar por la sequedad del aire, la causa principal, o por la erosión a la que pueda verse sometida debido a otras muchas causas, desde una desviación del tabique nasal hasta el roce con la uña al introducir un dedo en la nariz (muy frecuente en niños), la introducción de un cuerpo extraño, un estornudo o expulsar el aire con demasiada violencia, una rinitis alérgica o por infecciones, el abuso de descongestionantes nasales, la existencia de pólipos y diferencias de presión por la altitud, entre otras.

Ante todo... calma
La primera medida ante una epistaxis común es mantener la calma, sentarse y colocar la cabeza ligeramente inclinada hacia delante para permitir la salida de la sangre por los orificios nasales. La mayoría de las epistaxis se resuelven de forma espontánea o bien realizando durante unos minutos una pinza de presión con los dedos, no excesiva pero suficiente para que las aletas de la nariz presionen contra el tabique. En estos casos resulta eficaz el taponamiento con un algodón embebido en agua oxigenada que se presiona con el dedo y se deja en la fosa nasal hasta después de que la hemorragia haya cesado.

Cuando la epistaxis no se detiene espontáneamente o adoptando estas sencillas medidas, en un pequeño porcentaje de los casos pueden requerir asistencia sanitaria, y generalmente se resuelven en los servicios de urgencias más próximos. Las medidas terapéuticas varían en función de la valoración médica del caso, como explica el Dr. Scola, y van desde la repetición de las maniobras de taponamiento nasal anterior o la limpieza y cauterización del punto sangrante (si se localiza), hasta, en los casos de epistaxis muy severas o muy recurrentes, la necesidad de realizar una cirugía para coagular o ligar los vasos sanguíneos responsables del sangrado, para evitar las repercusiones hemodinámicas en estos pacientes.

La epistaxis recurrente en los niños puede ser objeto de consulta al pediatra. La mayoría son casos leves y autolimitados, pero es necesario realizar un estudio de las causas o factores que intervienen, ya que si las hemorragias se dan con una cierta frecuencia, puede producirse una anemia secundaria a la pérdida de sangre. Afortunadamente, asegura el Dr. Scola, sólo en muy pocos casos la hemorragia apunta al posible desarrollo de una enfermedad grave, y la epistaxis sería uno más entre el conjunto de los síntomas. La mayoría de las epistaxis se resolverán sin mayores consecuencias, aunque si el cuadro es recurrente se aconseja consultar a un especialista.
 

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