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Lunes, 15 Septiembre 2014 02:00

Diagnóstico de la hipoacusia infantil: cuanto antes, mejor

La sordera infantil puede suponer un grave obstáculo en el desarrollo cognitivo y social de los niños, puesto que afecta a la capacidad de asimilar lo que escuchan y dificultan la adquisición del lenguaje y el pensamiento. La prevalencia de la sordera infantil es de 1-5 casos por cada 1.000 nacimientos, y su detección precoz es de vital importancia para su tratamiento. Por eso, desde hace unos años, a todos los recién nacidos en España se les debe realizar una prueba de audición antes de darles el alta en maternidad. 

La hipoacusia es la pérdida o disminución de la capacidad auditiva. Se considera que una persona oye bien si consigue detectar sonidos por debajo de los 30 dB y tiene una buena comprensión de lo que ha captado. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 1.000 recién nacidos presenta síntomas de hipoacusia severa (no perciben los sonidos de intensidad inferior a 70-90 dB) y 3 de cada 1.000 sufren hipoacusia moderada (no perciben los sonidos inferiores a 40-70 dB), y se estima que hasta 5 de cada 1.000 presentan algún grado de hipoacusia (leve, moderada o severa). La prevalencia de la hipoacusia (1-5/1.000 recién nacidos) es muy superior a la de las enfermedades metabólicas (0,1-0,25/1.000 recién nacidos), para las que se realiza un programa de detección precoz desde hace muchos años, con la famosa «prueba del talón».

Un 80% de las sorderas permanentes están presentes al nacer. El 90% de estos niños nacen de padres sin problemas de audición, aunque hasta en el 50% de los casos existe algún indicador de riesgo:

Indicadores de alto riesgo de hipoacusia en neonatos (CODEPEH)

  • Antecedentes familiares de hipoacusia congénita o de instauración en la primera infancia.
  • Infección intrauterina del grupo TORCHS (toxoplasmosis, rubeola, citomegalovirus, herpes, sífilis).
  • Malformaciones craneofaciales.
  • Peso al nacimiento inferior a 1.500 g.
  • Hiperbilirrubinemia grave.
  • Uso de fármacos ototóxicos en el recién nacido o en el embarazo.
  • Meningitis bacteriana.
  • Hipoxia-isquemia perinatal.
  • Ventilación mecánica durante más de 5 días.
  • Estigmas o síndromes que cursen con hipoacusia.

No actuar es perder tiempo
Sin un programa específico de detección precoz, como pasaba hasta no hace mucho, la edad aproximada de diagnóstico se sitúa alrededor de los tres años, lo que puede ser demasiado tarde. Según los expertos, en los primeros cuatro años de vida sellamos las características morfológicas y funcionales de las áreas corticales del lenguaje. Se trata de un periodo corto y crítico de aprendizaje, en el que es vital actuar para evitar que las pérdidas de audición hagan mella en nuestro desarrollo.

«La vía auditiva necesita de forma absoluta que sea estimulada a una edad muy temprana. Si no hay transmisión, actividad neuronal, no se desarrolla, no hay plasticidad. Si se quiere actuar más adelante resulta irrecuperable», explica el Dr. Francesc Roca, miembro de la Sociedad Catalana de Otorrinolaringología y jefe de servicio del Hospital Germans Trias i Pujol de Barcelona.

Por el contrario, un diagnóstico precoz de la hipoacusia en los bebés permite empezar un tratamiento lo antes posible. Con el apoyo médico y pedagógico apropiado pueden evitarse complicaciones en el aprendizaje y favorecer el desarrollo del lenguaje.

La Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH), una comisión científica integrada por profesionales otorrinos y pediatras, así como por entidades de personas con sordera, calcula que en España nacen cada año alrededor de 2.000 niños con problemas auditivos de distintos grados, y desde 1999 recomienda hacer la prueba de cribado auditivo a todos los recién nacidos. Por su parte, en 2003 el Ministerio de Sanidad y Consumo, junto con las comunidades autónomas, aprobó el programa de detección precoz de la sordera y su implantación a escala estatal.

Pruebas de detección precoz de la hipoacusia
La detección precoz de la hipoacusia se lleva a cabo mediante técnicas sencillas, fiables, indoloras y no invasivas, aplicables durante los primeros días de vida del bebé, y que ofrecen una alta especificidad y sensibilidad. Las técnicas usadas actualmente son las otoemisiones acústicas (OEA), que empezaron a implantarse en los años ochenta, y los potenciales evocados auditivos de tronco cerebral automatizados (PEATC-A), una técnica desarrollada posteriormente para corregir los falsos negativos que se daban en las OEA. Ambos tipos de pruebas se realizan cuando el bebé se encuentra tranquilo, incluso dormido.

Otoemisiones acústicas
Las OEA transitorias son una técnica objetiva que permite recoger en un trazado la fracción de sonido que se detecta en el conducto auditivo externo, provocada por un estímulo transitorio o bien por estímulos continuos. Se lleva a cabo mediante un aparato emisor de ondas y un micrófono de alta intensidad, que se instala en un cabezal de plástico en el oído externo. En 6 minutos (3 por oído), permite localizar la lesión a nivel de las células ciliadas externas de la cóclea. 

Potenciales evocados auditivos de tronco cerebral
El test de cribado mediante PEATC-A tiene una mayor sensibilidad que las OEA, ya que permite detectar, además de las sorderas cocleares, las sorderas retrococleares, ocasionadas por daños localizados en las vías nerviosas entre la cóclea y la parte del cerebro que se encarga de la audición. Los potenciales están presentes en el ser humano desde la semana 25 de gestación y no se ven alterados por el hecho de estar durmiendo ni por la sedación o la atención.

El procedimiento consiste en ponerle unos auriculares al niño y enviar al oído un estímulo sonoro en forma de clic repetido. Unos electrodos colocados sobre la piel registran el trazado promedio de la actividad neuroeléctrica del nervio auditivo y de las vías auditivas centrales. La duración de la prueba va de los 6 a los 10 minutos.

Ambas pruebas tienen un coste de 80 euros, un importe que asume la Administración en los hospitales públicos y las mutuas o los propios pacientes en los hospitales privados. En tiempos de reajustes presupuestarios, el Dr. Roca considera inadmisible desatender esta prioridad. «La implantación del cribado auditivo universal a todos los recién nacidos ha sido un paso adelante muy importante que debemos considerar socialmente irrenunciable», afirma. 

Un tratamiento adaptado
Estas pruebas permiten, pese a su sencillez, obtener una información muy valiosa. Gracias a ellas se diagnostica con bastante precisión la hipoacusia. Unos resultados normales reducen de forma muy notable la probabilidad de padecer este problema; aun así, tampoco ante unos resultados tranquilizadores hay que bajar la guardia, y se recomienda hacer un seguimiento del desarrollo auditivo del niño durante los primeros años de vida.

El bebé que no supere la prueba deberá someterse de nuevo a ella antes del primer mes de vida, para contrastar los resultados iniciales. A veces la cera, los mocos o ciertos residuos del parto pueden dificultar la audición y dar lugar de forma circunstancial a falsos positivos. En caso de que la alteración auditiva se confirme mediante una nueva prueba, habrá que realizar exploraciones complementarias más exhaustivas para establecer un diagnóstico definitivo.

El tratamiento de la hipoacusia dependerá del grado de sordera (leve, moderada o severa) y de si afecta a uno o dos oídos. En términos generales, consistirá en la adaptación protésica auditiva (audífonos) en los casos leves-moderados y en implantes cocleares en los de afectación severa. En todo caso, se requerirá estimulación y seguimiento en el desarrollo del lenguaje, si es necesario con el apoyo de profesionales de la logopedia.
 

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